San Romero de América, Profeta y Mártir de la Verdad

La verdad está esclavizada bajo los
intereses de la riqueza y el poder.
Oscar Arnulfo Romero
Homilía, 15 de febrero de 1980

Monseñor Oscar Arnulfo Romero sigue viviendo en su pueblo, como él lo profetizó, “Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”, pero su presencia no sólo es eclesial, sino forma parte de la realidad de América Latina. Su obra y testimonio han rebasado todas la fronteras humanas, políticas y geográficas que lo hacen un ser universal, que pertenece a toda la humanidad. La vida, el pensamiento y la obra de Monseñor Romero se han convertido en verdadero sacramento de unidad y de solidaridad entre los pueblos del mundo. Que San Romero resucite, no sólo en el pueblo salvadoreño, sino en todas las comunidades de México y Latinoamérica en donde las personas nos reunimos para trabajar por la justicia.

Vivimos hoy una crisis sistémica de derechos humanos en México y en varios países de América: las familias de miles de desaparecidos, asesinados, torturados y encarcelados claman por justicia, migrantes y desplazados por la violencia huyen de sus lugares de origen para salvar su vida y la de sus seres queridos, miles de mujeres son día a día asesinadas y violentadas por el sólo hecho de ser mujer, personas defensoras y comunicadores se encuentran reprimidos por decir la verdad, ancianos están abandonados, niños y jóvenes están viviendo en un contexto de violencia generalizada. Nuestra madre tierra es violentada por los intereses económicos extractivistas.

Monseñor Romero en su contexto vivió la represión y la persecución, tal como lo sufrían las personas más comprometidas en la iglesia y la sociedad salvadoreña que clamaban por justicia. Vivió el secuestro, la tortura, el exilio y el asesinato de varios de sus sacerdotes, religiosas, catequistas y laicos comprometidos.

En el contexto actual que vivimos en México es tan vigente su palabra, como lo parafraseó jTatic Samuel: “De nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre; de nada sirven los cambios de banderas, de partidos en el poder, de supuestas elecciones democráticas, si estos cambios sólo sirven para perpetuar este sistema de muerte […] de nada sirven gobiernos emanados de la oposición, si no combaten a fondo esa violencia estructural que proviene de los mismos potentados económicos y de las mismas instancias gubernamentales y militares que se han perpetuado en el poder […](1)”.

Monseñor Romero fue asesinado el 24 de marzo de 1980, es un mártir de la Verdad, de la justicia y de la opción por los pobres. San Romero de América nos invita a “interesarnos por la pobreza de nuestro pueblo como si fuera nuestra propia familia”, es un proceso personal de conversión, de solidaridad y de una clara opción por los pobres, por la justicia y la Verdad. “Una Verdad que, para hacernos mujeres y hombres verdaderamente libres, tiene que encarnarse y tiene que actualizarse en la realidad concreta de cada pueblo, de cada comunidad (2)”.

Ante este agujero de impunidad que no tiene fondo, las violaciones de derechos humanos son un uso común del sistema capitalista de muerte, de esta democracia liberal, de este continente lacerado, es por esto que las víctimas y sus familiares, todos y todas las personas que luchan por la justicia, emprenden nuevas acciones enmarcadas en el ejercicio y respeto al derecho a la verdad. Que contribuyen al no olvido, a la memoria histórica, a la memoria de los pueblos que van caminando en la construcción de una nueva sociedad, a la redignificación de las víctimas. Esta es la base de su firme decisión e insistencia para alcanzar una vida digna, para exigir que no se repitan violaciones a los derechos humanos, como los crímenes de lesa humanidad, para señalar públicamente a los responsables, así como las causas de las violaciones y reivindicar la verdad histórica de quienes padecieron de manera directa esos crímenes.

Que Monseñor Romero, nuestro San Romero de América, junto a Monseñor Leónidas Proaño, junto a Monseñor Juan Gerardi, junto a Don Sergio Méndez Arceo, junto a Monseñor Enrique Angelleli, junto a jTatic Samuel Ruíz y a las y los Mártires de América, siga iluminando en la Esperanza las causas de los pobres, de la justicia y del Reino de dignidad y de justicia para todas y todos.

*-*
Casa de la Solidaridad Sergio Méndez Arceo
Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas, AC (Frayba)
Centro Diocesano para los Derechos Humanos Fray Juan de Larios AC
Comisión de Apoyo a la Unidad y Reconciliación Comunitaria, AC (Coreco)
Comité Monseñor Romero
Comité para la Promoción y Defensa de la Vida Samuel Ruiz García
Comunidades Eclesiales de Base (Cebs)
Coordinación Regional del Sur del D.F.
Cooperativa Izalco
Compañía de María
Desarrollo Económico y Social de los Mexicanos Indígenas, AC (DESMI)
Iglesias por la Paz
Institución Javeriana de México
Mujeres para el Diálogo
Secretariado Social Mexicano (SSM)
Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los Pueblos de América Latina “Oscar Arnulfo Romero” – Sicsal México
Servicio Internacional para la Paz (Sipaz)
Servicios y Asesoría para la Paz (Serapaz)
Sociedad Civil Las Abejas de Acteal
Observatorio Eclesial (OE)

San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México.
A 13 de octubre de 2018

 

1 y 2. Mons. Samuel Ruiz García. Homilía en el  XXX aniversario del martirio de Mons. Romero. 24 de marzo de 2010.

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