ARTÍCULO DESTACADO. Antecesores y sucesores de Lutero en el caso del anglicanismo en México

Por Arturo Carrasco Gómez*
Fuente: México Anglicano

Participación en el Coloquio Internacional “Protestantismo y mundo moderno: a 500 años del inicio de la reforma luterana y su influencia en Iberoamérica” organizado por la Universidad Nacional Autónoma de México en el ex Palacio de la Inquisición del 30 al 31 de octubre de 2017.

Presentación

Asumir que la Reforma en Europa inició con la publicación de las 95 tesis de Martín Lutero es considerado por la comunidad de expertos en el tema una imprecisión, toda vez que hay una serie de antecedentes y otros personajes posteriores a Lutero que contribuyen a lo que se designa como la Reforma.

Por lo anterior es mucho más preciso referirse a las reformas, y en este sentido hay diferentes alcances acaso más o menos profundos, más o menos visibles, o quizá debamos decir más o menos radicales, pero igualmente reformistas en cuanto al –o los— movimientos que buscan volver a formar, no a transformar, sino a recuperar lo que se considera ha sido deformado, es decir a re-formar.

Acaso en este sentido podría entenderse al nazareno como un reformador que desarrolla una hermenéutica y una práctica considerada como heterodoxa por las autoridades religiosas de su época, cuando lo que promovió fue el justo valor de la enseñanza escrituraria (Mt 5:17).

O las diferencias dadas entre los apóstoles Pedro y Pablo en cuanto a la circuncisión, que dejan ver una re-comprensión de las enseñanzas de Jesús.

La necesidad de los concilios de los primeros siglos, evidencian la necesidad de contención acaso de propuestas que consideraban deformistas, por lo que –con la participación del emperador— se determinaría lo ortodoxo y lo heterodoxo.

Incluso los anacoretas y las comunidades monásticas, son en muchos casos el resultado del rechazo a la relación dada entre el emperador y la jerarquía religiosa de los primeros siglos de nuestra era; de ahí que los personajes y movimientos monásticos sean considerados por algunos estudiosos como una propuesta reformista; habría que recordar que la Iglesia está reformándose permanentemente[1].

Antecedentes del ethos de la Ecclesia Anglicana

La cristiandad en Inglaterra, la Ecclesia Anglicana, asume que la proclamación del evangelio en la zona data de tiempos apostólicos; si bien no hay un dato contundente de la llegada de la Buena Nueva a la región, sí hay datos que reconocen la participación de obispos de la Ecclesia Anglicana en los primeros concilios, como el de Arlés en Francia en el siglo III y en el de Nicea del siglo IV.

A finales del siglo VI, Gregorio organiza una expedición encabezada por Agustín de Cantórbery para cristianizar la Gran Bretaña, que se sorprende al llegar a una tierra cristianizada y que cuenta con el ministerio tríplice, es decir diáconos, presbíteros y obispos, ante lo que Gregorio recomienda aceptar las prácticas locales que no se oponen a las sanas enseñanzas y prácticas del evangelio.

Sin embargo a finales del siglo VII se realiza un sínodo regional con la finalidad de homologar los usos y prácticas de la Ecclesia Anglicana, con el resto del occidente; en el año 664 se reúnen en la Abadía de Whitby, a cargo de Hilda, y lo que originalmente tenía que ver con el uso de la tonsura y la fecha para la celebración de la Pascua deriva en la autoridad para establecer dichas prácticas.

En el contexto histórico la influencia del Obispo de Roma no alcanzaba para ser autoridad eclesiástica universal, aunque sí era reconocido como un obispo más de la cristiandad, lo que era de uso general heredado desde tiempos apostólicos, sin embargo el rey Oswy de Northumbria prefirió adherirse al uso de la sede imperial por una razón netamente política; así es como la autonomía de la Ecclesia Anglicana se supedita a la autoridad del Obispo de Roma por lo que durante el período comprendido entre los siglos VIII y XVI la autoridad eclesiástica de Roma, influye directamente en la Ecclesia Anglicana.

No obstante hubo pensadores herederos de la original autonomía y que apelaban a la equidad colegiada entre todos los obispos, conforme al uso apostólico.

Otro dato a considerar es que en el tercer lustro del siglo XIII, el monarca de Inglaterra, Juan sin Tierra, impulsa la soberanía de la Ecclesia Anglicana, logrando que quede establecida en la Carta Magna, que si bien es letra muerta en lo inmediato, sería vigente a partir del siglo XVI, ahí se señala lo siguiente:

En primer lugar hemos asentido ante Dios, y por esta nuestra presente carta, confirmada por nosotros y nuestros herederos para siempre, que la Iglesia de Inglaterra será libre y gozará inviolablemente de todos sus derechos y libertades; y haremos que unos y otros sean, por tanto, observados; en consecuencia, la libertad de elecciones, que se ha creído muy necesaria para la Iglesia de Inglaterra, y por nuestra libre voluntad y agrado la hemos concedido y confirmado por nuestra carta, y obtenido la confirmación de ella por el Papa Inocencio III[2]

Por otro lado, en la primera mitad del siglo XIV el monje franciscano Guillermo, del pueblo de Ockham, en Inglaterra, publica su Breviloquium de principatu tyrannico papae, conocido también como Breviloquium; y sus Dialogus inter Magistrum et discipulum de imperatorum et pontificum potestate, más conocida como “El Diálogo”, en ambos cuestiona la potestad universal del Obispo de Roma.

Inmediatamente en el tiempo, John Wyclife influye en la segunda mitad del siglo XIV promoviendo su propia traducción del nuevo testamento al inglés (basada en la vulgata) y una traducción completa antes del siglo XV. Sus seguidores, conocidos como los Lolardos cuestionan la existencia misma del papado y recomiendan el conocimiento bíblico, además de promover el cuidado de los pobres (¿opción preferencial?), entre otros aspectos.

En este contexto, cuando Enrique VIII es contrariado por la negativa de anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón, los conocedores de la historia descrita recomiendan al monarca que recupere la autonomía anterior al siglo VII para la Iglesia de Inglaterra, con el multicitado y mal conocido rompimiento entre Inglaterra y la Iglesia de Roma.

Sin embargo, es menester señalar que tras la muerte de Enrique VIII y Eduardo su inmediato sucesor, María Tudor –la hija de Catalina— asume la corona de Inglaterra para restablecer relaciones con la Iglesia de Roma como si nada hubiera sucedido; por la violencia con que re-estableció ese vínculo llegaría a ser conocida con el mote de Blody Mary (María la Sangrienta).

A finales del mismo siglo XVI, con Isabel I como reina, la Ecclesia Anglicana recupera nueva y definitivamente la autonomía apostólica; es en este contexto que el sacerdote y apologeta Richard Hooker argumentaría que “se puede ser católico, sin ser romano”

[3]Por otro lado, Erasmo de Rotterdam es apreciado en tanto sutil reformista de la Iglesia por su crítica a la simonía de las autoridades religiosas, además de su esmero por preservar el Cristo-centrismo con libertad de pensamiento, sin romper con el catolicismo y traduciendo el nuevo testamento.

Acaso en este sentido William van Mildert, obispo de Durham durante la primera mitad del s. XIX, señaló que “durante la reforma, la Iglesia de Inglaterra se volvió protestante con el fin de llegar a ser más verdadera y perfectamente católica”[4].

Por otro lado Stephen Neill distingue cinco puntos de vista acerca del grado de aceptación de la reforma en la Inglaterra del siglo XVI:

1.Quienes señalan que “la Reforma fue una cosa rematadamente mala”

2.Quienes consideran que “fue en conjunto una cosa mala, pero que tenía ciertos rasgos redentores”.

3.Quienes señalan que “fue en conjunto una cosa buena, pero que sería maleada por una violencia innecesaria y que algunas de las buenas tradiciones que rechazó habría sido mejor retenerlas”.

4.Otros son quienes sostienen que “la Reforma anglicana fue la cosa más grande que jamás sucedió (…) que encontró el punto medio”.

5.Y quienes consideran que “habría sido mejor si hubiera ido mucho más lejos[5].

Hasta aquí los antecedentes que del ethos Anglicano.

Anglicanismo en México antes de la Reforma juarista

Ciertamente que ninguna denominación no Católica Romana podía establecerse formalmente en México, sino hasta la Reforma del siglo XIX, sin embargo hay indicios de la presencia reformista en lo que autores como Carlos Martínez García y Carlos Mondragón han señalado como la poligénesis del protestantismo en México y en América Latina.

En 1859 Benito Juárez publica la justificación de la Reforma donde señala –entre otras cosas— que dejan al clero “con todos los medios necesarios para que pueda consagrarse exclusivamente, como es debido, al ejercicio de su sagrado ministerio, (el Gobierno) cree también indispensable, proteger, en la República, con toda su autoridad, la libertad religiosa”[6]. Acaso sea un tácito reconocimiento a la existencia de comunidades o personas de otras denominaciones en México.

En esta dirección puede señalarse que el primer Arzobispo Católico Romano de la Nueva España, Juan de Zumárraga, abreva del pensamiento reformista en España, especialmente de Erasmo, de quien reproduce ideas centrales, especialmente en cuanto al papel de las Sagradas Escrituras que son base de la Reforma, por ejemplo su respuesta ante lo que se conoce como las apariciones de la Virgen en el Tepeyac, cuando sostiene –desde su catolicismo— que la revelación de Dios se expresa plenamente en el texto bíblico[7].

El mismo Zumárraga, que gobierna la Arquidiócesis de la Nueva España, introduce la imprenta en el territorio y así divulga como propio el pensamiento erasmista[8] introduciendo con ello el ethos anglicano; insistimos: no es que introduzca el anglicanismo, ni mucho menos, sino el ethos anglicano que es decir católico y bíblico.

Era imposible para todas las denominaciones no romanas establecerse en la Nueva España puesto que en la práctica había ejercicio inquisitorial mucho antes de su formal institución; “ya en 1548 el Arzobispo de Lima había hecho quemar por luterano al flamenco Juan Millar”[9].

El llamado Santo Oficio de la Inquisición –que despachó en este sacro santo recinto donde nos encontramos— formalmente se instituyó en 1571, y sus primeros “autos de fe” condenaron a los azotes a varias mujeres y hombres por poligamia, convencieron de abjurar a algunas personas calificadas de luteranas y estrenaron la hoguera en 1574 con el anglicano George Ribley[10] que había llegado en la flotilla del corsario John Hawkins y había sido abandonado en la huída.

Durante los siglos XVII y XVIII se consolida la inquisición en la Nueva España disuadiendo cualquier posibilidad de visita u organización de toda persona de denominación no católico romanas, pero censurando textos, sin embargo el influjo reformista germina con la sutil difusión que inicia con la obra de Zumárraga nutrida con el pensamiento de Erasmo y que permea hasta el siglo XIX.

Por otro lado, el pensamiento de Hooker, que data de finales del siglo XVI es parafraseado por Miguel Hidalgo; ante las acusaciones de herejía, Hidalgo sostiene en su descargo lo siguiente:

Os juro desde luego, amados conciudadanos míos, que jamás me he apartado ni en un ápice de la creencia de la Santa Iglesia Católica (…) Se me imputa también el haber negado la autenticidad de los sagrados libros, y se me acusa seguir los perversos dogmas de Lutero: si Lutero deduce sus errores de los libros que cree inspirados por Dios, ¿cómo el que niega esta inspiración, sostendrá los suyos deducidos por los mismos libros que tiene por fabulosos? (…). Abrid los ojos, americanos, no es dejéis seducir de nuestros enemigos: ellos no son católicos sino por política: su Dios es el dinero, y las conminaciones sólo tienen por objeto la opresión[11].

El que abolió la esclavitud en la Nueva España se asume católico y sostiene que basa sus “errores” en las Sagradas Escrituras, lo que discrepa plenamente con el posterior Plan de Iguala, que en 1821 elaboró Iturbide y que establece en sus artículos:

1.La religión de la Nueva España es y será la católica, apostólica, romana, sin tolerancia de otra alguna[12].

Con esta declaración, Agustín de Iturbide define lo que Morelos en 1813 y originalmente López Rayón en 1812, habían expresado vagamente como “religión católica”; la precisión surge seguramente porque Xavier Mina se había incorporado al movimiento independentista lanzando su primera proclama en 1817; Mina había conspirado desde Londres, con el acompañamiento de José María Blanco Crespo, conocido también como Blanco White, un sacerdote español originalmente católico romano, de padre irlandés y madre española, se convirtió al anglicanismo en 1812 y en clérigo anglicano en 1815 (aunque en 1835, después de la Independencia de México, se convirtiera en unitario).

Después de la Independencia de México y prevaleciendo la denominación católica romana sin tolerancia de otra alguna, en 1827 el sacerdote José María Luis Mora, establece relaciones con James Thomson, un escocés distribuidor de la biblia en México;[13] Mora analiza el anglicanismo y aunque nunca se convierte, comparte críticamente el ethos anglicano; es decir, se conserva católico apreciando el estudio y el conocimiento bíblico, así lo presenta la cita siguiente:

Como cristianos, como hombres y como ciudadanos deseamos vivamente que se generalice la lectura de las Santas Escrituras, en la cual creemos están interesadas la religión, la humanidad y la patria[14].

Sin embargo, reiteramos su postura crítica y su análisis ante el anglicanismo; en este sentido Mora argumenta que debido a que un gobierno no puede mandar a sus súbditos que profesen ninguna religión “porque la del gobierno como en Inglaterra no puede ser la verdadera, y entonces los súbditos deberían seguir la falsa”[15].

Su análisis cordial del anglicanismo se evidencia cuando señala que “Aunque la iglesia anglicana, a la cual pertenece acaso gran parte de los miembros de la Sociedad (Bíblica Británica y Extranjera), use de una Biblia cuyas lecciones en varios pasajes no son conformes con los de la nuestra, la Sociedad sin embargo por un rasgo de tolerancia cristiana, no nos ha dado sino el texto que nosotros creemos más puro, auténtico y genuino”[16].

Mora participa pues en la promoción del estudio de la Biblia sin romper con su catolicismo.

La insistencia de preservar lo católico y reformado en el ethos Anglicano, se evidencia incluso en los frutos de la Reforma juarista a finales del siglo XIX, específicamente en un sector de los Padres Constitucionalistas, clérigos que respaldaron la iniciativa del Benemérito de las Américas, con el que simpatiza el sacerdote Manuel Aguas, el Lutero mexicano, quien se convierte por la vía autodidacta y que pasaría de sacerdote católico romano a precursor del protestantismo en México, como lo describe Carlos Martínez García[17]; Aguas se adhiere a las filas de la Iglesia Católica Mexicana de Jesús Militante en la Tierra, que sería conocida como la Iglesia de Jesús.

En su búsqueda por el episcopado histórico, entendido como la concatenación de la ordenación episcopal en sucesión con los apóstoles y con Cristo mismo, la Iglesia de Jesús articula con la Iglesia Episcopal específicamente mediante la capellanía para extranjeros de habla inglesa; la Iglesia Episcopal es la comunión anglicana en Estados Unidos con la que se establece el Distrito Misionero de la Iglesia Episcopal en México y que es el antecedente directo de la actual Iglesia Anglicana de México, que se asume como católica pero no romana y evangélica, pero no protestante; pero esa es otra historia.

*Arturo Carrasco es teólogo, comunicador y sacerdote de la Iglesia Anglicana de México.


[1] Walker, Williston (Traducción de Adam F. Sosa); Historia de la Iglesia Cristiana; Ed. Casa Nazarena de Publicaciones, Guatemala, 1967

[2] https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/6/2698/17.pdf recuperado el 29 de octubre de 2017

[3] Hooker, Richard; Eccesiastical Polity: Selections; Ed. Fyfield Books, Great Britain, 1990

[4] Hassert, Anglicanismo: Protestante o católico, publicado el 24 de enero de 2013.

enhttp://anglicancleric.blogspot.mx/2013/01/anglicanism-protestant-or-catholic.html recuperado el 20 de septiembre de 2017

[5] Cfr. Neill, Stephen; El Anglicanismo; Ediciones Península, Madrid 1966, pp. 27-28

[6] Juárez, Benito, et. Al, Justificación de las Leyes de Reforma; Ed. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México; México, 2009

[7] O’Gorman, Edmundo; Destierro de sombras, luz en el origen de la imagen y culto de nuestra seora de Guadalupe en el tepeyac; Ed. UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, serie Historia novohispana/36, Ciudad universitaria, México, 1991.

[8] Bataillón, Marcel; Erasmo y España, estudios sobre la historia espiritual del siglo XVI; Ed. FCE, México, 1966.

[9] Toribio Medina, José; Historia del tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en México; Ed. Dirección de publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, colección cien de México, segunda edición, México, 2010.

[10] Alberro, Solange; Inquisición y sociedad en México, 1571-1700; Ed. FCE, México, 1988

[11] Guedea Op. Cit.

[12] Iturbide, Agustín, en Guedea Op. Cit.

[13] Martínez García, Carlos; James Thomson: Un escocés distribuir de la biblia en México 1827-1830; Ed. Cajica, México, 2011.

[14] Idem.

[15] Idem.

[16] Idem.

[17] Martínez García, Carlos; Manuel Aguas, de sacerdote católico romano a precursor del protestantismo en México; Ed. Cupsa, México, 2016

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