Entre días soleados y casos aislados, atrocidades innegables

atrocidades

Informe de Open Society Foundations

Nos han acostumbrado al olvido. La desmemoria es nuestra asignatura cotidiana y los medios masivos de información sus más destacados catedráticos. Desde aquella silenciosa mañana que siguió a la noche de Tlatelolco hasta los días fatídicos que sucedieron a la noche más triste de Iguala, siempre ha habido un día soleado que informar o una mentira histórica que contar a una sociedad afecta a dar la vuelta a la página y cada vez más insensible ante el sufrimiento ajeno e incluso propio, pues hemos llegado al punto en que ya nadie está a salvo de la barbarie pero preferimos no mirar, no saber, no creer, para poder dormir.

Parece que nos es más fácil tolerar la barbarie que resistir a ella. Y al amparo de este inicuo consentimiento cedemos al miedo y la desconfianza, recluimos nuestra inconformidad natural ante la injusticia en el búnker del egoísmo y la indiferencia voluntaria mientras miles, cientos de miles, mueren, sufren, desaparecen a nuestro lado o son abandonados a su suerte por las mayorías mientras resisten incansablemente a la atrocidad instalada en lo que otrora llamábamos estado de derecho.

Esto que viene ocurriendo desde hace tiempo coloca además un abismo entre la tragedia y nuestro deseo desesperado de salir de ella no sólo individualmente, sino en colectivo, como nación. Primero la intención perversa por detonar la guerra y ahora el invencible desinterés de nuestros gobernantes por detenerla en cualquiera de sus formas (estatal, criminal, económica), ponen nuestros esfuerzos por recuperar la paz en el dilema de la sobrevivencia cotidiana y la imposibilidad de traducir el clamor de no pocos en una verdadera fuerza organizativa capaz de transformar las espadas en arados y mover manos y corazones hacia la recuperación del país.

De no remontar esta dispersión social mediante una articulación de amplio alcance, no habrá óbice capaz de contener la tempestad que, a pesar de ser ya inconmensurable, está aún por empeorar y arrastrar con su furia los restos que sobreviven al naufragio nacional. Estaremos así, con tristeza, repitiendo la historia del olvido en un momento en que de nueva cuenta ha crecido el clamor frente la ignominia que representan las reformas estructurales del actual gobierno que tras cobrar innumerables derechos económicos, políticos, sociales, ambientales, han cobrado también vidas humanas; las últimas en Noxistlán, Oax., el pasado domingo 19 de junio, donde de forma artera y criminal la policía federal abrió fuego contra la población civil que en solidaridad con el movimiento magisterial trataba de impedir la imposición de la reforma educativa en la entidad.

Estos sucesos lejos de amedrentar la digna rabia de los pueblos (como sucede con la mayoría de la población) ha provocado la solidaridad inusitada de muchos sectores sociales y el levantamiento organizado de cada vez más secciones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) e incluso algunas del Sindicato (SNTE) tiempo ha oficialista, a pesar de la expedita estrategia informativa del gobierno federal tratando de negar los trágicos acontecimientos de Noxistlán, desestimarlos o justificarlos, como es su costumbre y lo hemos visto con demasiada frecuencia ya, sobre todo en el emblemático caso de los 43 de Ayotzinapa.

Ya aconteciendo en muchas regiones del país, la guerra civil amenaza con convertirse en nacional frente a la cerrazón infranqueable del estado, su criminal estrategia militar y su cinismo discursivo que pretende reducir la catástrofe a (cientos de miles de) casos aislados que, en sus palabras ante la palestra internacional, “no representan la realidad del país”. Nadie puede ya creer ello, pero muchos pretenden que sí, hasta que el destino les alcanza. En cualquier caso, es insoslayable abandonar la comodidad de la espera y emprender el camino de la solidaridad. ¡Es el momento! Convocados por rostros emblemáticos, no podemos más quedar en el silencio o la inacción. Ya desde hace rato nos convocan desde desconocidos lugares las personas desaparecidas, las mujeres asesinadas, migrantes secuestrados, extorsionados, asesinados; ahora se les unen estudiantes, docentes, médicos, enfermeras, amas de casa… y engrosan el grito ancestral de los pueblos originarios. Que sus voces no clamen en desierto.

Dentro de poco, el rumbo del país se decidirá desde la indignación social y popular ante atrocidades innegables[1]; esta indignación tiene que ser organizada, articulada y será pacífica en la medida que una inmensa multitud la respalde y pueda generarse la presión popular suficiente para inhibir la represión estatal y el temor ciudadano. Y tiene que empezar ahora, en las inmediatas marchas y manifestaciones que desde el movimiento magisterial, los padres/madres de Ayotzinapa y colectivos de la diversidad sexual se están convocando, este fin de semana. Hay que salir a las calles, gritar, exigir. Hay que hacer de cualquier foro personal o privado una plaza pública. Hay que negarnos a dar vuelta a la página tanto como a seguir considerando nuestras agendas particulares más importantes que la emergencia nacional. Espabilar la memoria para que emerja la verdad y alcancemos una paz justa.

Por José Guadalupe Sánchez Suárez
Secretariado Social Mexicano /Observatorio Eclesial
Viernes 24 de junio de 2016


[1] Justo el encabezado del presente artículo alude al informe presentado el pasado 7 de junio por Open Society Justice Initiative titulado: Atrocidades innegables: confrontando crímenes de lesa humanidad en México y en el que tras tres años de estudio conjunto con organizaciones civiles del país demuestra que existen “fundamentos razonables” (con base en el derecho penal internacional) para considerar que tanto las fuerzas gubernamentales de México como los cárteles del narcotráfico han cometido, a lo largo de la última década, crímenes de lesa humanidad contra la población civil: asesinatos, desapariciones y torturas que persisten en el presente por la incapacidad del gobierno de garantizar la rendición de cuentas por estos crímenes, como resultado de la obstrucción política primordialmente. El informe está disponible en https://osf.to/1XWZ8dP

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