Editorial. Cardenal Aguiar, ¿clérigo de Estado?

Ciudad de México, 8 de diciembre de 2017

 

  • Con este nombramiento queda en entredicho el discurso dado por el papa a los obispos mexicanos en febrero de 2016, en la catedral metropolitana
  • Carlos Aguiar Retes es reconocido como un prelado culto, de alta diplomacia y estrechamente ligado a la élite político-empresarial que actualmente gobierna desde Los Pinos.
  • ¿Dónde queda la opción de Francisco por una iglesia de los pobres y para los pobres?

El nuevo nombramiento del cardenal Carlos Aguiar Retes como arzobispo primado de México ha resultado un desconcierto para muchos y esperanza para otros, pero lo cierto es que el perfil del nuevo arzobispo de México no apunta para un cambio de ruta hacia la opción por los pobres y por una iglesia pobre insistentemente predicada por el papa Francisco durante su pontificado.

Después de más de 20 años de un arzobispado claramente cuestionado en la sede primada de México, indiscutiblemente Carlos Aguiar, pasará como un arzobispo afín y cercano al discurso social y pastoral al Papa argentino, pero con apegado en la práctica a las altas esferas del poder político en México, como lo ha demostrado su trayectoria.

Esto nos hace preguntarnos hasta qué punto el Papa Francisco en verdad está enterado de las alianzas políticas entre la iglesia católica y el Estado en México y si tiene conocimiento de qué tanto disfruta el nuevo arzobispo pasearse en los carros de los faraones en nuestro país, asistiendo a bodas, cumpleaños, viajes de las élites políticas y no precisamente de las bases del pueblo mexicano, como el mismo Papa ha exhortado: ¡Cómo me gustaría una iglesia pobre y para los pobres! (Primeras de Francisco al ser elegido papa, 13 de marzo de 2013)

También nos preocupa este nombramiento justo en tiempos electorales, y apenas unos días después que fue “destapado” el candidato presidencial del régimen al que el cardenal Carlos Aguiar es demasiado cercano: el Grupo de Atlacomulco.

Nos sorprende y entristece que el papa Francisco haya nombrado en otros países obispos cercanos al pueblo y a los pobres, pero no lo haga en el caso de México, sino que nombre a prelados aliados a los poderes políticos y económicos que son, a todas luces, los principales responsables de la crisis profunda que vive nuestro país, atrapado en una espiral de violencias, corrupción, impunidad, incertidumbre y precariedad.

En su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (26 de noviembre de 2013), Francisco denunció que la economía de mercado es la raíz de todos los males sociales al producir desigualdad, injusticia, inequidad y violencia, por lo que sorprende que elija justo para la arquidiócesis primada a un obispo que podría respaldar, a título de la iglesia mexicana, un régimen caracterizado por golpear la economía de la población, colocarla en alta vulnerabilidad y reprimir toda expresión de denuncia o protesta social contra la injusticia y la impunidad, al grado de pretender legalizar la militarización de la seguridad interior en franca violación a nuestra Carta Magna y las leyes internacionales.

En este escenario, aún mantenemos la esperanza en la iglesia, en el papa y en los obispos mexicanos. De manera especial esperamos que el nuevo arzobispo primado de México sea dócil a la voz del Espíritu que viven en las y los pobres y excluidos de nuestro país, y pase del discurso a un compromiso firme y real con una iglesia pobre y para los pobres.

En esta misma esperanza, lamentamos que el papa permita a Norberto Rivera pasar a retiro sin ninguna sanción ante su probada y reiterada protección a curas pederastas: exigimos por ello que el Estado vaticano no vaya a brindarle protección diplomática contra los juicios civiles que aún pesan sobre él, por el bien de la iglesia y de las víctimas de la pederastia clerical.

Como sociedad y como creyentes, en medio del desastre nacional, reiteramos nuestro compromiso para que la justicia y la paz triunfen en nuestra tierra, para que se detenga la ignominiosa Ley de Seguridad Interior aprobada por la Cámara de Diputados y a punto de aprobarse en el Senado de la República, cuya implementación de facto, ha traído como resultado innumerables muertes, desapariciones forzadas y víctimas civiles; esperamos que a esta exigencia se sume también el nuevo arzobispo primado de México y la jerarquía católica mexicana, en fidelidad a la ética cristiana y al pueblo que dicen representar.

© Observatorio Eclesial

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