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Durante el 2008 vimos crecer y consolidarse en nuestro país
un régimen de impunidad que han padecido amplios sectores de nuestros pueblos,
especialmente los más pobres. Esta impunidad encuentra sus raíces en tres
factores profundamente imbricados: un gobierno débil y sin legitimidad, que
responde a los intereses de las grandes trasnacionales y del gobierno
estadounidense, y cuyos niveles de corrupción alcanzan a los más altos
funcionarios de su gabinete.
El resultado
inevitable de este grado de deterioro político ha sido el abuso del poder, el
endurecimiento de las medidas de seguridad, y un ataque frontal a las garantías
individuales de la población, particularmente a los sectores de ésta que se han
organizado y movilizado para defender sus derechos y exigir justicia.
El saldo que este
escenario nos ha dejado es abrumador: no sólo en vidas humanas, que ya es
sumamente alarmante, sino también en pérdida de derechos, en desmovilización y
desarticulación del movimiento social. Las grandes luchas nacidas del 2006, año
de la represión, se enfrentaron al Estado dictador y sus duros brazos de
seguridad nacional, así como contra su abierta estrategia de criminalización
del movimiento social, obligando a éste a cambiar de táctica, evitando la
confrontación y apostando por la rearticulación y una nueva acumulación de
fuerzas.
Mientras a lo
largo y ancho del territorio mexicano creció la impunidad del Estado, afectando
a los sectores más vulnerables: mujeres, niñez, trabajadoras/es, migrantes,
indígenas; procesos de articulación local y regional cobraron fuerza y solidez,
constituyéndose en voz alternativa de verdad y justicia ante la crisis global
de nuestras sociedades. Sumar fuerzas en apoyo a las diversas causas justas y
dignas de grupos y organismos por la defensa de sus derechos, hizo que el 2008
no fuera sólo año de derrotas, sino también de importantes logros para el
reconocimiento y reivindicación de los derechos de las mujeres, laborales, en
los medios de comunicación, para la protección de la niñez y juventud, para las
y los defensores de derechos humanos, en la preservación de nuestros recursos
naturales; entre otros, aunque con la conciencia de ser alcances parciales y
ante el peligro constante de regresión y represión.
En nuestro
informe de actividades del 2008, hemos querido consignar esos logros y avivar
la esperanza para seguir uniendo nuestras luchas.
En ese
sentido no sólo refleja nuestro trabajo, sino el de muchas y muchos con quienes
hemos caminado.
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